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Mi querido amigo me cuenta por mail más detalles de la reunión con una directiva del Joan Pelegrí (Sants, Barcelona).

M. (la señora con la que nos reunimos) me decía que es malo prolongar el momento de la despedida (cuando la nena entra por la mañana al aula), nosotros le informamos que no podíamos dejar a nuestra hija angustiada y llorando e irnos sin más, que la nena debía quedarse bien como siempre (es su cuarto año escolarizada); ella nos contaba el caso de una alumna a la que llevaron al psicólogo y éste había dicho que la despedida debía ser más corta aunque la nena se quedara mal, le respondí que eso dependía de a qué tendencia perteneciesen los psicólogos, y tan tranquila me dijo (copio textual): “En este país los psicólogos van a la Universidad”, me quedé pasmado y le pregunté si me lo decía porque soy argentino, y pasó de responderme viéndose pillada…..

No quiero, ni me interesa opinar sobre si esto es xenofobia o no, pero me huele verdaderamente mal.Xenofobia e incultura

Esta es la respuesta a la carta que envié la semana pasada.

Referente a su correo del 8 de septiembre, relativo a los actos vandálicos que tienen lugar en la Escuela Barrufet todas las noches de la semana, le comunicamos que, en esta misma fecha hemos enviado un escrito al Consejo Municipal del Distrito de xxxx, poniendo estos hechos en su conociemiento y solicitando un cuidado especial en la vigilancia de los entornos de este centro durante las noches.

Asímismo hemos informado a la directora del Centro.

Sigo publicando algunas de las reflexiones que el Dr. Carlos González nos deja en su excelente libro ‘Bésame Mucho’. Lo de la independencia viene a cuento de una experiencia que he vivido con unos padres que pretendían quitarle el pañal a su hijo de 2 años y que ya os contaré más adelante porque quedé verdaderamente espantado…:

(Doctor González: espero que entienda que al publicar su libro por partes estoy haciendo pedagogía)

¿Cuándo se hará independiente nuestro hijo?

hijo comiendo

La independencia es uno de los grandes temas de la puericultura moderna. ¡Todos queremos hijos independientes! Que se levanten y se acuesten cuando les dé la gana, que sólo hagan los deberes si les apetece, que decidan por sí mismos si quieren ir a la escuela, que se pongan la ropa que más les guste y que coman lo que quieran…

¡Ah, no! No ese tipo de independencia. Queremos que nuestros hijos sean independientes, pero que hagan exactamente lo que les digamos. O mejor, que adivinen nuestros pensamientos y hagan lo que queramos sin necesidad de decirles nada; así todos verán que somos muy buenos padres y les damos mucha libertad, que ni siquiera les damos órdenes. Muchos padres se rebelaron en su día (o se quedaron con las ganas) contra la educación demasiado rígida que recibieron. Se prometieron que darían más libertad a sus hijos. Y ahora se encuentran con la gran sorpresa de que sus hijos, al tener libertad, ¡hacen lo que quieren! Pues claro, ¿qué pensaban que harían?

En realidad, lo que mucha gente piensa cuando dice «quiero que mi hijo sea independiente» es «quiero que duerma solo y sin llamarme, que coma solo y mucho, que juegue solo y sin hacer ruido, que no me moleste, que cuando me voy y lo dejo con otra persona se quede igual de contento». Pero ése no es un objetivo razonable, ni para un niño ni para un adulto. El ser humano es un animal social, y por tanto nuestra independencia no consiste en vivir solos en una isla desierta, sino en vivir en un grupo humano. Necesitamos a los demás, y los demás nos necesitan. Un ser humano adulto debe ser capaz de pedir y obtener la ayuda de los demás para alcanzar sus fines, y de prestar ayuda a los demás cuando se la pidan.

El fotógrafo Gustavo Pirola ha recolectado en una serie llamada “Cartoneros: imágenes y testimonios“, las fotos y las ‘voces’ de las almas en pena que caminan la ciudad de Buenos Aires Bahía Blanca removiendo la basura para recolectar papel, cartón, metales y todo lo que sea revendible (con prólogo de Damián Losada) . Luego de la crisis comenzaron a salir familias enteras a la calle y Gustavo nos muestra algunos testimonios, la galería es imperdible:

Gómez, 55, Barrio Progreso

Cartonero GomezEstoy viviendo en una pieza de 4 por 4, somos 8. Tengo la cocina, pero la cocina se me llueve como afuera. ¿Vos te creés que yo voy a levantar, a como está la vida hoy en día? A gatas que saco para comer. Y, aparte, tengo un sueldo de la municipalidad, por el plan de 150 pesos. Antes por lo menos vos cobrabas el plan y te hacías un pedidito para 15, 20 días. Hoy cobrás el plan y qué…. Salís del banco, llegás a tu casa y no tenés nada, porque tenés que pagar la luz, que una cosa, que la otra. El pobre no tiene ayuda de nada.

Estos son Ricardo y Rubén, los más grandes. También tengo una piba de 14, de la mujer es. Tenemos 6 chicos en total. ¡Y todos van a la escuela! ¡Todos!

Una anécdota: en una oportunidad estábamos resecos, resecos, resecos. Lo que se dice secos. Nos habían cortado el gas, no teníamos ni para un kilo de pan. Empezamos a revolver bolsas…. ¡La nena encontró 200 pesos! Hay que creer o reventar. Hasta que no verifiqué en una despensa yo pensaba que eran falsos…

Ando con el carro desde hace 14 años, no tengo ninguna bajeza de nada… Yo cuento lo bueno y lo malo de mi vida. Lo ven y lo discriminan al cartonero. Dicen ???mirá qué sucio…???, pero ellos no saben que quizás nosotros tenemos más corazón que un rico que nos trata de… no sé… Desde ya: no tenemos plata, pero tenemos la dignidad de ser honrados.

El Doctor Carlos González, en su libro ‘Bésame mucho’ nos explica el significado que quisieron darle los griegos al Complejo deEdipo y la esfinge Edipo, y que es muy distinto al que la psicología moderna nos ha inculcado. Estoy leyéndolo y la verdad es que pone patas arriba a todos los pseudoexpertos como Estivill, Ferber y algunos más.

Un oráculo anunció a Layo, rey de Tebas, que los dioses le castigarían por sus pecados. Si algún día tenía un hijo, éste mataría a su padre y se casaría con su madre. Layo intentó durante un tiempo no tener hijos, pero el único método anticonceptivo disponible en aquella época exigía una férrea disciplina…, y no se pudo aguantar. En una borrachera, dejó embarazada a su esposa Yocasta. Ni corto ni perezoso, entregó a su pequeño Edipo a un pastor para que lo abandonara en el bosque. El pastor se apiadó, lo entregó a unos padres adoptivos y Edipo se hizo hombre. Ignorante de su origen, mató a su padre en una pelea (empezó el padre, que era muy mala persona; recuerde que de entrada los dioses querían castigarle) y se casó con su madre.

Esta historia sirvió a Freud para dar nombre a su teoría: el complejo de Edipo es el deseo que supuestamente tienen todos los niños pequeños de matar a su padre y de casarse con su madre.
Pero no es eso lo que nos dice la vieja tragedia griega. Edipo no tuvo ningún deseo de matar a su padre ni de casarse con su madre. Lo hizo por error, porque no sabía que eran sus padres. Cuando finalmente se enteró de la terrible verdad, quedó tan horrorizado que se arrancó los ojos, mientras su madre y esposa se suicidaba.

El mito de Edipo nos habla más bien de todo lo contrario: del temor irracional que tienen algunos padres a verse suplantados por su hijo en el amor de la madre. Temor que llevó a Layo a despreciar y abandonar a su propio hijo. Sembró desprecio) y recogió odio, cuando podría haber sembrado afecto y haber recogido respeto. Para los antiguos griegos, probablemente la moraleja de la historia era algo así como «no puedes escapar al castigo de los dioses, hagas lo que hagas te encontrarás con tu destino». Para el lector moderno, que no cree en aquellos dioses, la moraleja de la historia no es «abandona a tu hijo antes de que te mate», sino todo lo contrario, «no seas tan estúpido de abandonar a tu hijo, o convertirás en enemigo al que podría haber sido tu amigo si lo hubieras tratado con cariño».