La visita de Luciano

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Nunca dejas de desilusionarte de la gente, pese a lo endurecido que (después de 4 años en otro país) crees tener el corazón habiendo pasado por todo lo que has pasado, siempre hay lugar para que alguien te decepcione.

Hace algunas semanas mi amigo Luciano (a quien conocí trabajando en el 110 de Telecom Argentina y que cursabamos la misma carrera en la Universidad de Buenos Aires, que el terminó y yo no) me escribió diciéndome que vendría a Barcelona por un seminario de la empresa de Asistencia en Carretera para la que trabaja, una multinacional de origen francés. Vale aclarar que también habíamos compartido estancia en París y Amsterdam durante 10 días en nuestro viaje a Europa de 1998.

Gato nocturnoLa verdad es que, tal y como comenté, me hacía mucha ilusión verle porque era el segundo amigo que me visitaba en 4 años y porque a una cierta edad uno cree que se ablanda.

Me había comentado que estaría en Sitges toda la semana y que el finde vendría para Barcelona por lo que nos veríamos, nosotros teníamos planeado llevar a nuestra hija a ver Disney sobre hielo en el Palau Sant Jordi el fin de semana del día del Padre pero como recibiríamos visitas (algo que no es demasiado frecuente) no compramos las entradas.

Luciano llegó el sábado 11 y me llamó por teléfono el martes o miércoles (vale decir que esperaba su llamada el mismo sábado o al menos al día siguiente), le dijo a Gi que vendría a BCN el viernes y que pararía en el piso de un compañero de empresa muy cerca de nuestra casa (menos de 10 calles); nos pareció genial que estuviera próximo porque significaba que no tendríamos demasiada dificultad para vernos o para hacer planes juntos. Pensábamos llevarlo al FNAC el viernes porque nos había comentado que quería ver iPods, al Casco Antiguo el sábado, y al Museu del Barça el domingo por la mañana.

Vino el viernes a las 9 de la noche a casa (una hora mas tarde de lo acordado), comimos la picadita que habíamos preparado y tomamos unas cervezas, al par de horas ya quería que fuéramos a la casa de sus amigos, le expliqué que como tenemos una nena de 3 años no podemos salir de noche con ella en invierno (no disponemos de coche como ya saben) , además que se le cambian los hábitos de sueño y no es conveniente (pese a que ya se duerme a la hora que se le antoja).

Casi resignado al aburrimiento se quedó más tiempo con nosotros, dos padres con una vida muy monótona, sin historias de alcohol para contar, sin salidas nocturnas ni mucho más allá de nuestra vida familiar; su cara de sueño lo decía todo, y entre bostezos y gestos de agobio no paraba de mirar el reloj y probar posturas cómodas, el colchón de la nena en el suelo, el sofá, la silla…; sus ojos semicerrados delataban un embole que no se justificaba con la excusa del cansancio acumulado y las noches de alcohol.

Nos comentó que al día siguiente (sábado) iría con el coche que habían alquilado con sus amigos a Peratallada en la Costa Brava y que pasarían todo el sábado allí. Por lo que le dije que podríamos ir el domingo a algún paseo, como el Museo del Barça (el más visitado de Cataluña) pero que cerraba a eso de las 2 de la tarde por lo que teníamos que reunirnos temprano.

El domingo la nena me despertó tempranito (ideal para ver el doblete de Fisichela y Alonso en Malasia), Gi se levantó un poco más tarde y me dijo que lo llamara, le dije que no, que no tenía demasiado sentido llamarlo, que no quería que se sintiera forzado a hacer algo que no le apetecía.

Además de vernos por el sólo hecho de conversar y relacionarnos después de casi 4 años me tenía que dejar unos alfajores que había traído de Buenos Aires y el dinero por el último disco de Bunbury (Canciones 1986-1996) que compré para nuestro amigo común Gonzalo y que ya le había entregado el viernes para que se lo llevara.

Pasé buena parte de la mañana planeando donde podríamos ir con alguien que no vive en la ciudad, pero sobre el mediodía ya comencé a pensar en lo que íbamos a hacer nosotros sin visitas porque con Gi nos imaginábamos como se sucederían los hechos…: fuimos a comprar el diario, una revis para la nena y a caminar un ratito pero nos volvimos porque hacía frío.

A las 15:30 me llamó el Gato (Luciano) para decirme lo que ya sabíamos (tal y como lo habíamos hablado con Gisela punto por punto): que no vendría a casa, que anoche habían ido a bailar y que habían vuelto muy borrachos, que se había levantado hacía media hora, que tenía que salir a comprar algunos regalos y que su avión partía sobre las 9 de la noche; de modo que me dejaba los «regalitos» que había traído y el dinero del CD en la casa de su amigo y que acordase con él para irlo a buscar.

La verdad es que esperaba poder pasar más tiempo con alguien a quien no veía desde hace tanto tiempo, alguien con quien he compartido bastantes cosas, pero afortunadamente cada uno tiene sus prioridades a los 30 años, y afortunadamente las mías son diferentes.

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